domingo, 30 de abril de 2017

Enfrentar Nuestros Demonios Internos


"Todos cargamos con nuestros demonios todos los días, sólo que algunos 
los tienen encerrados en botellas porque no saben cómo lidiar con ellos." 
Revaunde 

Más que enfrentar me agrada decir reconocer y aceptar para poder transformar nuestros demonios internos, no son nuestros enemigos con quien tenemos que luchar, sino más bien que tenemos que aprender lo que nos tienen que enseñar, a discernir qué pensamientos son míos y cuáles son de otros que nos han inculcado desde pequeños, nuestros miedos y temores que nos paralizan. Y siempre llegamos al mismo lugar, la importancia de la autobservación y del autoconocimiento para trascender y liberarnos de los obstáculos que nos impiden Ser.


Todos tenemos nuestros demonios personales, que están íntimamente relacionados con nuestra historia y con nuestros puntos vulnerables. Así como en la odisea de Ulises, las sirenas intentan distraernos con el poder de su atractivo, nuestros demonios personales nos alejan de nuestros recursos y de nuestros objetivos valiéndose del miedo. Pueden perseguirnos desde el pasado, tendernos una trampa en el presente o acecharnos desde el futuro.

Los demonios personales son reales porque nos implican realmente. Nos atrapan en medio de experiencias intensas, de sentimientos intensos y de reacciones intensas. Dado que poseemos la capacidad de recordar, podemos reproducir acontecimientos del pasado recurriendo a una amplia gama de experiencias sensoriales. De hecho, podemos volver a tener una experiencia aterradora. Dado que poseemos la capacidad de imaginación, también podemos hacer lo mismo anticipándonos a un hecho, sin importar que en la realidad se cumpla o no. De modo que es posible repetir los malos momentos o imaginar los del futuro sin que jamás sucedan en la realidad.

Ya sean reales o imaginarios, del pasado, del presente o del futuro, internos o externos, tus demonios personales pueden atraparte. En ese sentido, todos los demonios son reales, porque sus efectos también lo son. El núcleo es el miedo, a veces miedo de la cosa, a veces miedo del propio miedo. Y cuando tenemos miedo, nos sentimos impotentes, carentes de recursos y completamente paralizados. Como si algo absorbiera nuestro poder personal y lo situase en el marco aquello que tememos.




Aquellos demonios internos que todos tenemos no son enemigos que hay que vencer, son simplemente aspectos de la vida que es necesario dominar,conocer, aceptar para poder transformar.

Estos demonios tienen como labor exclusiva sabotear todos nuestros intentos por tener éxito, dejar viejos vicios inútiles y adquirir nuevas costumbres que nos llevan al triunfo.
A lo largo de nuestra vida, vamos asimilando vivencias, recuerdos, experiencias, frustraciones, sinsabores, alegrías, tristezas... Y así la lista sigue haciéndose enorme pues a cada momento nuestro organismo está en contacto con el medio y se encuentra creando registros de lo que acontece dentro y fuera de nosotros. Muchas de estas cuestiones asimiladas se convierten en introyectos (Los introyectos son aquellas ideas, creencias o valores que las personas se tragan sin masticar, ideas o creencias que se aprendieron a temprana edad y que provienen de una persona emocionalmente significativa para el infante: alguno de los padres, abuelos, tíos, profesores o cualquier otra persona a la que el niño consideraba una autoridad moral), y al volverse introyectos, se vuelven inconscientes. Es decir, son sepultados en lo más recóndito de nuestra memoria, pero no por eso dejan de influenciarnos, pues queramos o no el inconsciente tiene una enorme injerencia en nuestra vida, a punto que a veces llamamos a algunos actos realizados bajo su influjo como acciones realizadas por "casual dad"...
Este cúmulo de situaciones almacenadas en nuestro interior no son fácilmente identificables y accesibles, solamente se expresan bajo circunstancias concretas y particulares en las que las posibilidades de aprender son maravillosamente enormes. Volviendo a esos introyectos, por el hecho de ser inconscientes y gobernar nuestra vida en el plano inconsciente, estén revestidos de una cara oscura debido a que pueden hacer colapsar el estado de equilibrio en que nos encontramos al jugar totalmente en nuestra contra, en detener nuestra progresión. Precisamente estos introyectos de situaciones tristes, dolorosas o desagradables no elaborados o superados, se convierten con el paso del tiempo, en nuestros DEMONIOS INTERNOS.


Los demonios internos son aquellos miedos que nacen en el interior de una persona y que a lo largo de su vida se desarrollan hasta hacerlos poderosos por os atributos conferidos. El miedo es energía, una energía poderosísima que logra paralizarnos y si le damos cabida puede comprometer nuestro futuro y bloquear nuestra capacidad para triunfar. Y es precisamente así, a abrigo del miedo y del temor que se presentan nuestros demonios internos.
Nos paralizamos ante una persona hermosa, nos paralizamos ante una oportunidad de trabajo, a hablar en público y tener que presentar un proyecto, nos nublamos, no podemos pensar con claridad y terminamos equivocándonos, o peor aún, no atreviéndonos.

Esto nos explica que los demonios no sólo se limitan a seres malignos o a los ángeles caídos, sino que, son las emociones destructivas que pueden hacer verdaderos estragos en nuestras vidas convirtiéndonos en personas infelices, e incluso hasta perversas. De ahí, la importancia que desde la muy tierna infancia nuestros padres o bien las personas que estén a cargo de los infantes sean personas con una inteligencia emocional buena; esto es emocionalmente competente para guiarnos en el control y canalización de nuestras emociones.



Eckhart Tolle dice que estos aspectos llegan casi a configurar una especie de entidad que actúa por modus propio, a la que llama “el cuerpo de dolor”…y lo importante es mantenernos conscientes para que no actúe precisamente como una entidad separada y dominante. De a poco…ese cuerpo de dolor va haciéndose cada vez menos potente, cuando ya no nos identificamos con todo lo inconsciente, sino que lo aceptamos solo como partes fragmentarias de una historia pasada que podemos trascender, sin necesidad  de que nos tome como presas…sino viéndolas como  componentes evolutivos que fueron necesarios y que luego de reconocer, podemos soltar en paz.


Todos, absolutamente todos, tenemos nuestros demonios personales, que se vinculan a hechos muy puntuales en nuestra historia y con nuestros puntos débiles. Aparecen para distraernos en nuestro camino, para impedirnos progresar y mejorar. Ellos nos hablan a oído y nos empujan a hacer cosas absurdas, insensatas o de plano estúpidas.

Ahora bien, como buenos seres humanos, siempre tenemos un pretexto para justificar el por qué dejamos a esos demonios instalarse en nuestra v da. Generalmente apelamos a alguna carencia, que en teoría es subsanada por nuestro erróneo comportamiento: "Es que estoy muy solo"; "Nadie me comprende"; "Perdí la cabeza y disparé (metafóricamente)"; "La suerte nunca está de mi lado", etc.. Hay tantas excusas como miserias humanas. Pero generalmente apelamos a que nos falta algo para disculpar o al menos argumentar el surgimiento de nuestros diablillos.

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Estos demonios se manifiestan en tipos de frecuencias o emociones de baja vibración, una vez que entran en nuestras vidas van mermando nuestro tono emocional y poco a poco nos marchitamos como una flor.
Perdiendo la alegría de vivir, no hay armonía en nuestras relaciones y cada vez nos alejamos más de conseguir nuestros sueños. Entre las frecuencias mas comunes estén: la culpa, la inseguridad, los vicos, el miedo, el narcisismo, los traumas, a ansiedad, la timidez excesiva, el egoísmo, la ira, la tristeza, la vanidad, la envidia, la soberbia, la anorexia, la bulimia, la preocupación, la pereza, la depresión, la vergüenza, la desconfianza entre otras tantas.

¿Y qué hacer para lidiar, combatir o debilitar a estos demonios internos? 



Primeramente, es importante hacer un balance de nuestras vidas y ver en que áreas nos están afectando y luego pasar a la acción para excluirlas. Reconocer y saber que demonios están causándonos mal no es suficiente, hay que combatirlos mediante el cambio. Y este consiste en una nueva forma de pensamiento, es decir, reprogramarnos positivamente. Los resultados más inmediatos que obtendremos son que nuestras actitudes dejaran de ser temperamentales, y nos conduciremos con mayor mesura e inteligencia. Necesitamos también una buena dosis de fe, de voluntad y de amor. Y es precisamente, este último nuestro mejor antídoto para luchar contra estos demonios. Si el amor esta presente en nuestras vidas hasta las pruebas más adversas las encararemos con gran fortaleza. Cabe recordar, que en esta guerra contra los demonios internos el papel de nuestra autoestima juega un papel primordial.


No olvides que el conocimiento de uno mismo es el método más val oso para poder identificar a estos demonios que llevamos dentro, para vencerlos y procurar que esa cara oscura se convierta en energía creadora, en energía capaz de ayudarnos a sobreponernos a las adversidades por muy duras que sean. Este conocimiento es doloroso, viajar a lo más recóndito de nuestra estructura personal y mental puede ser peligroso para nuestro yo interno porque conocerás cosas de ti que no sabías quizá que existían, pero es un viaje que debemos emprender si lo que queremos es evolucionar como personas, si queremos vencer nuestros límites y llevarlos más allá.




Algunas frases y párrafos fueron vistas en Soy espiritual, Psicología transformadora, y grupoelron

1 comentario:

  1. Me siento capaz de dominar cualquier aspecto de la vida gracias a estos contextos

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